divendres, 9 de maig de 2008

OLEO SOBRE LIENZO y PARED

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A las cosas importantes nadie suele mirar de frente, ni preguntar por ellas al interesado, aunque todo el mundo las sepa. Si a algo hueles conforme pasa el tiempo es a mierda, humana fundamentalmente. No pasa nada, no es ser pesimista, simplemente basta con saberlo. Hay gente que observa barcos que se van hundiendo y miran hacia otro lado, hay quien viendo el naufragio no dice nada, los hay que tienen posibilidades de tapar los agujeros del mascarón de proa y ponen parches de cartón, incluso están aquellos que disfrutan viendo esos barcos a la deriva, pensando que si los demás están jodidos a ellos les irá mejor. La miseria humana es infinita y directamente proporcional al grado de status social. Todo se basa en eso, defender tu posición.
Debías ser guapa, muy guapa. Pelo negro del color de la sombra y ojos verdes como el mar de Formentera. Dos pedazos de tela tejana tapaban tu cuerpo esquelético y mil ideas en la cabeza tus pensamientos silenciosos. Sola en la calle, o en cualquier piso abandonado, la soledad sin causa aparente como escape de tanto imbécil aburguesado. En lo único que te envidian ahora es en la forma de desaparecer: una hemorragia cerebral, algo directo y rápido, sin oportunidad para retroceder, el sueño de todo ciudadano occidental añoso. Los que te atendieron [un médico cura, dos dudan, tres muerte segura] se enfrascaron en discusiones estériles a ver si eras candidata a transplante o si tenías alguna opción terapéutica. Qué gracioso, habían pasado dos años desde que tú misma decidiste tirar el salvavidas y ahora a estos linces les da por pensar en curarte, seguro que crees que son unos cachondos y te descojonas por dentro.

Te ries por primera vez en 24 meses.

Me recordaste esta canción. No sé si te llamabas así, aunque ahora mismo eso sea una anécdota idiota y esté casi anocheciendo.

Clara,
distinta Clara,
extraña entre su gente, mirada ausente.

Clara,
a la deriva,
no tuvo suerte al elegir la puerta de salida.

Clara,
abandonada
en brazos de otra soledad.

Esperando hacer amigos por la nieve
al abrigo de otra lucidez,
descubriendo mundos donde nunca llueve,
escapando una y otra vez.

Achicando penas
para navegar...
estrellas negras vieron por sus venas
y nadie quiso preguntar.

Clara
se vio atrapada,
abandonó el trabajo,
se vino abajo.

Clara
languidecía
perdida en un camino de ansiedades y ambrosías.

Clara
no dijo nada
y un día desapareció.

Recorriendo aceras dicen que la vieron
ajustando el paso a los demás,
intentando cualquier cosa por dinero
para incarse fuego una vez más.

Esa madrugada
Clara naufragó,
tenía el mar de miedo en la mirada,
las ropas empapadas
y el suelo por almohada,
y lentamente amaneció.

(Joan Baptista Humet)

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