dimecres, 2 de juliol de 2008

OLEO sobre STREETBALL : PRÓLOGO

Tecleando In your face en el google, esta imagen es la que me sale en primer lugar:
http://chateaupetrogasm.com/wp-content/uploads/2007/12/in-your-face.jpg


" A veces, el pasado viene como un rayo de recuerdos intensos en forma de email. El trueno que le sigue, son imágenes vívidas erizando el pelo. Aunque demonios, ya sé que mañana viernes no hay entreno, ni el sábado partido"
Julio Cortázar


"Pinceladas de Pach y Codi en la calle 132"

Todavía no me he quitado de encima el desasosiego que me entra en cada final de junio, es como si aún me estuvieran esperando los exámenes finales o si el tren que me llevaba lejos de casa durante dos meses cuando era un niño [me acuerdo del mundial de fútbol de España 82 y del último día de colegio. Mi madre me bañaba y en la tele jugaba Perú] me esperará para salir de la estación Gran Central. Algún día escribiré sobre eso. Después también fue la época de los playoffs y mi etapa americana. Entre la patología general, la epidemiología o los versos de Gabriel Celaya, se colaban por las noches imágenes de pick and roll imposibles, de triples en el último segundo con el alero contrario pegado a la cara y de la estrategia (cortes de UCLA, zonapress...) a seguir para ganar a IMAVI; IMAVI siempre será IMAVI, el rival más fuerte. Eran como la URSS de Seúl 88 (Sabas, Homicius, Tikhonenko, Volkov, Marciulonis, Kurtinaitis...) o los Plavi, la Yugoslavia de Argentina 90 (Petrovic, Radja, Kukoc, Danilovic, Obradovic, Paspalj o Vrankovic) para la España de final de la edad dorada (Epi y sus aductores, Villacampa cada vez más lento, Quique Andreu y su...no sé, Morales - vaya piedras, Jiménez y su nariz, Ferrán y sus mates sin despegar los pies del suelo...). Vamos, parecían invencibles, aunque les zurramos la badana en más de una ocasión. Pero no adelantaré acontecimientos. Nosotros estábamos en ese desierto generacional, niños en la edad dorada de Los Ángeles y adolescentes en tierra yerma. Formábamos parte del caldo de cultivo, de los cimientos baloncestísticos, de la época Gasol-Navarro.
Sin embargo, no os olvidéis tíos del AFORISMO N1: éramos un equipo muy compensado. Qué grande era el base que nos definió con aquella frase minimalista. Era una voz o un susurro, timbre cazallero, textura de Ducados y aliento de cubata de la noche anterior. Su aliento desprendía un olor que te duraba al menos dos jugadas seguidas y un tiempo muerto, se incrustaba en la nariz y no salía. Creo que también era originario del Bronx, me parece que vivía con su madre en un bajo, cerca del estadio de los yankees.

AFORISMO N2: No la botes Pacheco, ¡joder!.
Lo oí todos los días de mi vida que jugué a tu lado, como un mantra. Bueno, oí y repetí hasta la saciedad. Soy consciente de que no sirvió de nada, además, excepto algún tiro a lo Zubizarreta del CAI (todos tenemos un Zubizarreta en el armario y en el corazón), las solías meter debajo del aro sin excepción.

Los dos o tres segundos más largos de la historia de la humanidad no fueron los que quedaron suspendidos entre las piernas abiertas de Byron Russell por la finta de Jordan - Dios bajó a la Tierra y se hizo hombre - en Utah, o los que terciaron a la salida del avión de Ánsar en las Azores, los dos o tres segundos más duraderos de la historia tuvieron lugar en el campo del Arrahona, en Cliffside Park. Sacamos de banda, dos o tres segundos para el final. Pache cogió la bola, se entretuvo, no me acuerdo si esta vez también botó la pelota o hizo un reverso, pero así, sin pensarlo mucho, creo que el tiempo estimado desde que recibió el pase, se puso en marcha el crono manual y lanzó, debieron pasar, sin exagerar, diez o quince segundos, el tiempo para pasar de un campo a otro [algún día hablaré de los factores externos para que se diera el suceso llamado partido, un homenaje a la termodinámica, entropía pura, segunda ley]. Por supuesto, fue canasta.

AFORISMO N3: Pásala Juan, ¡coño!
La copa que nunca ganamos... maldito partido de matinal de domingo y maldito Bar Juventud, aquel año no perdimos ni uno solo de la regular. Johnny, desengáñate, no éramos un equipo copero.
Por cierto, desde Johnny [alias Codi o el mejor tres-cuatro de Europa autoproclamado] no he visto a nadie hacer los pasos de entrada a canasta tan freaks, era pura deconstrucción de lo que tiene que ser una parada en dos tiempos o de unos pasos cambiados o normales. La secuencia es la siguiente: agarra el balón y si tiene en mente tirar, mejor te olvidas de la bola y piensas en el rebote o en el balance defensivo. Si va hacia la derecha empieza el primer paso sin botar con la pierna izquierda y si va al lado contrario lo hace al revés, o no, en realidad no sabría describirlo, hay que verlo, degustarlo. Cuando parece que ya no tiene salida, o sea que, o la pierde o le pitan pasos, te saca un medio gancho que hace que te acuerdes de toda su familia del tirón si la falla o le des un beso si la mete. Después existen unos segundos etéreos donde el universo deja de expandirse y los agujeros de gusano se contraen. Es una obra de arte inverso, es un Tàpies o una receta esferificada de Ferrán Adrià. Codi, entre nosotros, es un creador de lo absurdo, es la Muchachada Nui o la Hora Chanante de la cancha.

Punto 7 del Tractatus de Wittgenstein tuneado: de lo que no te puedes reir, mejor no hablar. Matías Vallés. Diario de Mallorca. Junio de 2008.
Recuerdo que en aquella época no nos callábamos nada, sobre todo con los árbitros.

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