dijous, 6 de novembre de 2008

VADEMETRICUM: caballo marrón


María se quedaba mirando las tapas de los tres volúmenes de Spiderman que compró en el Carrefour cada vez que un cliente cerraba la puerta. Nunca los abrió. Tampoco el volumen número 1 de las Obras completas de Pablo Neruda. Éste lo utilizaba de balda en el baño para poner las cremas de manos y el rímel de Margaret Astor.

María, después de que el último cliente recorriera el pasillo en dirección a la puerta, esperaba que los colores azul y rojo de Peter Parker, se proyectasen sobre su cama y le dieran calor. Tenía mucho frío, incluso aquel verano, con aquel abrigo, y aquella camiseta de algodón gris, y aquel chocolate caliente recorriendo en dos tiempos el esófago, y aquella venopunción fina, inyectando jugo de limón caliente entre los dedos del pie.
María, antes de que llegara el próximo cliente, caminó entre campos de color miel, entre telarañas deshilachadas.
Y el timbre volvió a sonar, y siguió esperando a Peter y siguió con frío el resto del verano. El tiempo se acabalgaba en el tiempo, y como una mitocondria que genera energía por incapacidad de parar, volvió a abrir la puerta.

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