dilluns, 21 d’abril de 2008

GARRAFON SPEECH vol 3


Llevaban cuatro copas, tal vez cinco, sin contar el albariño de la cena. El Juanra y el Frederico, en aquel patio andaluz encontraron la luna de la poesía en los ojos después, las piernas primero, de aquella camarera vestida con estrecho cinturón por debajo de la cintura. Esto fue lo que me contaron, las glosas que les salieron, un cuento, o un poema, qué más da, era sentimiento, eran sus raíces con rima, en lo único que creían, o eso dicen:

Eh Frederico,
muy guapos los silencios de la Mari,
mientras mi corazón permanece
sin un latido entre sus manos,
con todas las válvulas y su color azulado
por la isquemia emocional de mis lágrimas.

Juanra tron,
el robo de tus sentimientos desflecados
y sus anchas impresiones de verdugo
en aquella cama añil y temblorosa
de tantas ausencias seguidas
duelen tanto como el lunes por la mañana.

La vi pasar dos veces delante mío Fede,
se colocaba el pelo detrás de la oreja
y guiñó el labio hacia arriba,
se secaba el sudor con la almohada de sus pechos
y sin decir nada me sonrió.

Desgraciadamente tío,
el tiempo pasa rápido
es un pellejo absurdo de minuto,
un instante de impulso hacia
el jardín de flores a ninguna parte,
el tiempo colega es un instante,
un maldito instante,
como su sonrisa.

Abrázame Fede,
que no sé ni cómo ni cuándo
ni qué ni porqué,
cada día mirándola dos segundos
vale el resto de mi vida
y mis emociones eternas
se las pago al contado.

Te abrazo Juanra y ponme otra más niña.

Que sean dos princesa. No la olvido Frederico.

Si fueras Juan Ramón Jiménez…
Y tu García Lorca…

La Mari sería tuya…
Y yo no diría ni media palabra…

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