dilluns, 13 d’octubre de 2008

OLEO sobre PÁGINAS ANTIGUAS vol 1


Externamente nada especial, a parte del negro de la sotana. Altura y peso en la media, vivienda alquilada en una ciudad que no era del otro mundo, en un barrio vulgar, un piso con dos ventanas, un aseo y cocina-salón. Sin embargo, era un cronista incisivo, un sacerdote modelo y tenía una idea, el cielo no puede esperar.
Escribía los detalles de sus asesinatos en el espacio habilitado para los comentarios de los blogs de periodistas y escritores: la amputación del brazo de Isabel en la bitácora del último premio Nacional de Narrativa, las contusiones torácicas y craneales causadas a un funcionario de la O.R.A por el hisopo que le regaló su tía cuando se ordenó, en la web del columnista más conocido de la región, la extensa flagelación a la que sometió a Olga,
una enfermera que le hacía las curas en el Hospital General, en la página personal del director del diario con más tirada del país, y así hasta trece homicidios más, o ascensiones activas, en palabras suyas.
Describía los aquelarres en entradas de al menos año y medio de antigüedad que no volverían a ser leídas. Con la cantidad infinita de datos que se vierten a la red y la sed exponencial de información actualizada, era imposible que alguien se ocupara de revisar lo escrito. Acostumbraba a decir en el bar donde tomaba el café, que el presente dura lo que tardas en hacer click con el ratón, pero nadie entendía la frase. En realidad, lo que le generaba el placer del redentor, era la posibilidad de hacer ostentación de su secreto sabiendo que, a pesar de estar al alcance de todo el planeta, el carril de la información funciona únicamente en un sentido, hacia delante, y sólo los elegidos invertirían el flujo.

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