dijous, 11 de desembre de 2008

MPR 2.2


Cuatro días después de salir de la canción, con un laceración en el hígado y la gabardina haciendo de hemostásico de tela, alquiló un trozo de reguero en Los Monegros.
Cuatro días con una puta sonrisa en la cara.
Dejando de luchar durante cuatro días.
Cada día durante ese cuarteto de tiempo, leyendo ensayos de Hume.
Cuatro días entre los chopos de la gasolinera donde montó la tienda de campaña, una nevera portátil repleta de barbitúricos y un camping-gas para asar sardinas.

Cuando el juez de paz abrió la cremallera de la cabaña de poliéster, obsesionado con legislar la biología, condenó a muerte al suicida. Al cuarto día.


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