dilluns, 21 d’abril de 2008

OLEO SOBRE LIENZO 80 x 110 cm

Pienso en aquel mar verde, pequeño, entre las rocas vistas por primera vez. Sin ti aquí, como las melodías sin letra de Jean Michel Jarre, no sé, falta lo imprescindible. Suena la radio en alguna parte que no logro identificar, y sólo sintonizo anuncios, mensajes planos y directos, sin tiempo para pensar en el anterior: líderes en sofás. Rebajas hasta el 30 % de descuento; tus mejores vacaciones en crucero. Te ahorrarás un 10% del total del viaje. Mis radiaciones auditivas, me refiero a las que van al córtex temporal, no las que se pierden en otros circuitos y atraviesan el cuerpo calloso a modo de imprudentes excursionistas, van procesando la información previa y se encuentran en el camino de vuelta con nuevos inputs, formando un colapso total de señales que mantienen al cerebro consciente en un estado casi vegetativo, próximo al número cero, y eso es mucho decir. Muevo el dial analógico de mi memoria, intentando buscar a Prince para que me susurre que Nothing compares to you, I say nothing can take these blues…y que no, que no quiere hablar, que no me deja recordarte. Maldigo el momento en que el sol ya no se refleja sobre tus ojos verdes como el color de aquel mar pequeño, el marrón azulado de aquellas rocas vistas por última vez. Cada vez es más ténue, todo se desdibuja, algo así como coger un cuadro de Matisse, pegarlo en un power point, pinchar en la herramienta de color y aplicarle la marca de agua. El verde marino es amarillo, las rocas casi grises, incluso han cambiado de forma, ahora son piedras inertes, sin moluscos ni salina enganchada.
Se apaga la radio, o la dejo de oir, y con ella los mensajes, la búsqueda de Prince, ni siquiera, la limosna de intuir la versión aproximada de Sinead O´Connor. Me enfundan una camisa blanca y con mis sinapsis saturadas, sedadas, deplecionadas de neurotransmisores, me meten en una habitación hasta el próximo electroshock. No debo recordar, si lo hago, muero, por prescripción facultativa. Esta vez ni Ivan Illich
me salva. Quieren convertirme en sirena para que así, tenga la memoria de un pez, apenas cuatro segundos de recuerdos. Y yo, francamente, después de lo vivido, o de lo que creo haber vivido, no sé si lo prefiero, aunque: estoy dispuesta a intentarlo una vez más, ´cause nothing compares, nothing compares to you…

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