diumenge, 20 d’abril de 2008

MPR 0.8

en la cara B del vinilo no había ninguna pista

lo que llaman vida, desde un punto de vista social, porque biológico exigiría otra explicación, está llena de cruces, desde el mismo momento en que coges aire. Existe un lugar en el sistema respiratorio que se llama espacio muerto anatómico. Este lugar inhóspito para la trascendencia [el oxígeno que queda en esta zona no logra pasar a la posteridad que es convertirse en aire alveolar y mezclarse con el resto del organismo] es el volumen de las vía aéreas de conducción

por el principio de las encrucijadas y los espacios desérticos, J acostumbraba a pasar todos los días por el aeropuerto, a ver si conseguía entender el cómo de la situación. Iba a ver salir los aviones desde la curva previa a la terminal, el único lugar muerto donde dejaban aparcar el coche sin tener que pagar ni que aguantar a los tíos que meten prisa y en ocasiones multas por estacionar

veía aviones de todo tipo, marca, color, y suponía el final del recorrido en función de los parámetros anteriores. Incluso creo que llegó a establecer una ecuación matemática de la frecuencia de las salidas de las compañías aéreas. Una herramienta que le permitía intuir el destino del aparato con bastante certeza [al menos su certeza. La objetividad no existe, existen tantos puntos de vista como personas y él sólo creía en la honestidad]. Por tanto en su sistema cerrado, aquella ecuación era honesta con las percepciones que recibía

siguió tres meses o cuatro yendo y viniendo del aeropuerto cada día, pero no encontraba el cómo del cruce de caminos. En ocasiones se llevaba el diario de antes de ayer para ojearlo [leía las noticias con dos días de retraso. Así pensaba que ya tenía la suficiente perspectiva como para creer o no en ellas]. El caso es que mientras le daba la vuelta a la penúltima página y leía a Victoria Adams Beckham (”Mi marido la tiene como el tubo de escape de un camión) desvío la mirada hacia la pista y vio el coche; entonces el haiku, que todavía guarda en la camisa a rayas de hace dos inviernos, le salió solo:

El coche frágil
amarillo y negro
gritó follow me


en la cara A del vinilo tampoco había pistas, pero ahora ya no las necesitaba. El cómo había sido una posibilidad que actualmente era probabilidad

en los discos ya no hay pistas, ni canciones
sólo hay tipos a caballo en empedrados que huelen a jazmín
gitanas que te venden lotería
y un señorito
con botines, camisa azul, pañuelo enroscado al cuello, jersey amarillo
y pantalón verde oliva

los vinilos cojean como las notas de un piano
y hay un coche a cuadros, amarillos y negros que insiste en su mensaje
follow me

existe la fisiología muerta del que duda
y las cenizas de un móvil que saca fotos a las seis de la mañana
existen dos hombres a caballo y un patio andaluz de madrugada
también hay días que existen pero desearías lo contrario
incluso olvidar la fecha de ciertos aniversarios que son espacios muertos anatómicos en su sentido más literal
existen patios como hombres y caballos andaluces que a veces llevan letreros a cuadros negros y amarillos que dicen follow me
pero no el cómo

la posibilidad se transformó en probabilidad, y de momento, se quedó en ese espacio de intersección [que era la curva], sin saber tampoco cómo evolucionaría

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