dilluns, 23 de març de 2009

ANALÓGICA: el estilo es una cuestión de velocidad=e/t


Tu falda, la has tendido al sol para absorber calor incluso cuando te desnudas, intentas recuperar los días y los abrazos a punto de reventarte la cintura a toda costa, sabiendo que es inútil. Te estiras una vez más en la cama, vencida, sin estilo, apenas la ropa deja de gotear en las piedras del patio y te regodeas en el carrusel de fotos electrónicas que pasan una tras otra sin permiso por el marco digital, convertido en un tiovivo de conquistas al tiempo imposible de definir. La que más te gusta, porque la impostura es mayor, es en la que llevas un abrigo de tweed al hombro y el gesto de no dormiré más contigo en la cara. Demasiado tiempo soñando con otros abriles como para ponerte generosa en estos momentos. Lo único que te queda es empezar a robarle los días introduciendo tus ojos en el cajón de sus canciones, como un fotograma lo hace en la memoria, y te pones a susurrar letras en inglés que no entiendes. Y huyes entre notas, esperando a que algún día al levantarte sin ganas y con legañas, vuelvas a sembrar aniversarios, cargar maletas y lavarle el pelo a tu hija.
¿Te das cuenta? Despierta. La falda que se seca y las manos que sostienen letras del fondo abisal de marzo ya no son tuyas, la cara de Johnny Guitar tatuada en tu espalda tampoco. Ahora todo esto se ha convertido en eventos comunes, vestidos comunes, falanges comunes, dedos entre dedos de millones de personas, tatuajes entre miles de hilos de tinta azul. Y no entiendes cómo, llegado el momento, todo te da igual.

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